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El viernes 1 de octubre, podremos disfrutar una vez más en nuestro teatro Castelar de Marina, una de las obras españolas más populares y conocidas. Por este motivo nos parecía interesante recordar la vida y milagros de su autor, Emilio Arrieta, uno de los más grandes músicos de la España del siglo XIX. Juan Pascual Antonio Arrieta y Corera ( Emilio por decisión propia) nació en la villa Navarra de Puente la Reina el 20 de septiembre de 1821. Sus padres, Don Gregorio y Doña Francisca Corera eran unos modestos hacendados que vivían sin demasiadas estrecheces gracias a las tierras que trabajaban. Murieron pronto siendo todavía muy pequeño su hijo Emilio. Pronto decidió que el campo y la labranza serían su profesión. Afortunadamente su suerte cambió al marchar con su hermana Antonia, establecida en Madrid que le prometió ocuparse de él y de sus estudios.
Comenzó pues a estudiar solfeo con el profesor Castillo, del que poco se sabe. Contaba el joven navarro diecisiete años y con un entusiasmo y la impaciencia natural en todo artista, comenzó a componer sin apenas conocer lo más básico del arte musical. Su hermana decidió, al ver la pasión que presentaba el joven, llevárselo con ella a Italia. Llegaron a Milán en 1838 y tras una breve estancia regresaron a España. Pero duró poco el joven Emilio en Madrid ya que un año después volvía a embarcarse para Milán en Barcelona. Viajó hasta Italia en un laúd (pequeña embarcación de vela) llamado Vigilante muy apropiado para un músico pero poco marinero y demasiado lento, y para más aventura, contrabandista. Sesenta y seis días duró el viaje y no creemos que fuera una travesía de placer. Una vez en Milán, Arrieta comenzó sus estudios de piano con Perelli y de armonía con Mandanici con verdadero fervor entrando pronto en el Conservatorio de Milán Sus adelantos en los estudios fueron sobresalientes pero un grave problema le acuciaba, el hambre. La miseria estuvo a punto de hacer que abandonara el Conservatorio y por supuesto Milán, pero la fortuna se apiadó de él y un generoso mecenas le devolvió la vida. Este salvador fue el conde Julio de Litta, al que agradeció tiempo después su gesto dedicándole numerosas obras. Hasta el año 1846 permaneció Arrieta en esta ciudad italiana despidiéndose de ella estrenando su ópera Ildegonda, ejecutada como ejercicio final de sus estudios. Durante estos años en el conservatorio, Arrieta pudo conocer y trabar amistad con grandes nombres como Ponchielli , autor de la famosa Gioconda. Era tan grande sus amistad que años después nuestro autor no dudó en visitarlo en Cremona, ciudad asediada por el cólera en aquellos momentos.
Tras acabar sus estudios regresa a Madrid donde no encuentra un lugar adecuado para su talento, y sólo se dedica a cortos y esporádicos trabajos. Su benefactor le reclama desde Italia y muy cerca estuvo de abandonar de nuevo España para poder triunfar. Decidido a marcharse, recibió la llamada de la reina Isabel II que le nombró su maestro de canto. Las malas lenguas cuentan que Arrieta le enseñó mucho más que música y que la reina, agradecida, ordenó construir un lujoso teatro en palacio para representar su ópera Ildegonda. Quien diría que con los años el músico compondría un himno con el título ¡Abajo los Borbones! aunque también escribió un nuevo himno de bienvenida a Alfonso XII tras la restauración. Estrenó, por encargo de su benefactora, en este teatro palaciego su ópera La Conquista de Granada, tras lo cual marchó de nuevo a Italia donde representó su primera ópera con mucho éxito.
Tras regresar de nuevo a Madrid, el éxito de Jugar con fuego de Barbieri había llevado a la zarzuela a lo más alto y a este género genuinamente español decidió dedicarse Arrieta. Para ello fue presentado a Camprodón, libretista que le ofreció el libro de su primera zarzuela El Dominó Azul con la que obtuvieron un gran éxito. Tras este título llega El Grumete, con libro del famoso entonces García Gutiérre y obras, hoy totalmente olvidadas, como La Estrella de Madrid, El Planeta Venus, Dos coronas, De tal palo tal astilla, Llamada y tropa o Marina. Incluyó en estas obras olvidadas Marina, ya que como zarzuela fue estrenada en 1855 sin que gustase especialmente.
Su estreno madrileño resultó frío a pesar de la buena acogida que le auguraba Gaztambide. Según éste, Marina: "es notabilísima, es una verdadera ópera española al alcance del vulgo; gustará , estoy seguro". Pero al parecer el débil libreto no caló en el público y así lo recogía el crítico de La Época: "La zarzuela no es buena ni mala, ni puede decirse que es mediana, ni mucho menos es superior. Peca de larga y peca de corta; es ancha y estrecha; gorda y delgada; alegre y melancólica; modesta y altiva". Sólo duró seis días. ¿Cómo puede ser hoy una de las más famosas y representadas de todo el teatro español?. Pues fue gracias al tenor italiano Enrique Tamberlick quien aconsejó a Arrieta, dieciséis años después, que la convirtiera en ópera. El maestro, al haber muerto su compañero Camprodón, pidió a Ramos Carrión que la recompusiera añadiendo un acto a los dos que tenía. Marina estrenó su nueva versión en el Teatro Real el jueves 16 de marzo de 1871 en una función representada por el propio Tamberlick que junto con los nombres de Aldighieri, la Ortalani y Gassier obtuvieron un gran éxito, éxito que hoy todavía continúa tras más de cien años desde aquella noche.
Ya consagrado fue nombrado profesor de Composición de la Escuela Nacional de Música de Madrid en 1857 y pasó a ocupar el cargo de director en 1868, cargo que ocupó hasta su muerte en 1894, teniendo como alumnos destacados a Chapí, Bretón y Marqués. Durante esta época compuso numerosas obras dedicadas a conciertos, concursos y actos académicos. Acabó su vida el día 11 de febrero de 1894, quedando para siempre en la historia de la música por su obra más famosa, Marina.
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