Marcos Redondo
Vamos a conocer un poquito mejor a un hombre imprescindible en la historia de nuestro teatro lírico: Marcos Redondo Valencia. Nació en Pozoblanco, Córdoba, el 24 de noviembre de 1893, aunque se trasladó a Ciudad Real siguiendo a su abuelo, teniente de la Guardia Civil, destinado en la ciudad manchega. El mismo día que llegaban a esta ciudad, moría en Pozo blanco su padre, un guarnicionero del que según él mismo contaba heredó su voz. En su autobiografía contaba «en mi casa, de niño, no había más que mucha pobreza». Aparte de pobreza, se respiraba gran ambiente musical que le lleva a convertirse en «seise» de la Catedral, estudiando canto y piano con el maestro de capilla y con sus tíos.
En 1913, con tan sólo veinte años, marcha a Madrid, donde en su Conservatorio, el mismísimo Tomás Bretón le aconseja dedicarse profesionalmente a la música. La diputación de Ciudad Real le concede una beca que tarda en llegar y gracias a Emilio Serrano que lo contrata para un recital, cobra 500 pesetas que le hacen creerse «el hombre más rico del mundo». No abandona sus estudios y logra en un sólo año aprobar tres cursos de solfeo y cuatro de canto, debutando como profesional, con veintiséis años en el Gran Teatro de Madrid con La Traviata. Consigue un gran éxito que le hace marcharse a Milán para proseguir sus estudios, logrando una voz de barítono tenoril, atractiva, de purísimo timbre, bello fraseo y gran expresividad. Comienza en Italia su carrera iniciando giras que le llevarán a cantar en Cuba y Méjico obras como La Traviata, La Favorita o Madame Butterfly.
De vuelta a España, se casa con una joven manresana que había conocido mientras cumplía el servicio militar en la ciudad catalana y debuta en el Liceo con Manon Lescaut y La Dolores. Es entonces cuando el empresario José Gisbert le hace dar un gran cambio a su vida ofreciéndole un contrato para cantar zarzuela. Esto le permitía estar cerca de la familia y ganar mucho dinero. Debuta con El Dictador aunque es el estreno de La Calesera, el 12 de diciembre de 1925, y su gran triunfo, lo que le hace decidirse por el género español para el resto de su carrera. A lo largo de su vida estrenó cincuenta y siete obras, llegando a tener cerca de cuarenta en su repertorio. De ellas, las obras de Alonso La Calesera y La Parranda fueron sus mayores logros representándolas todas las temporadas hasta su retirada. Ésta llegó el 6 de octubre de 1957, dedicándose hasta su muerte a sus otras grandes aficiones, los sellos, la pesca y la fotografía. Hombre simpático y amable, en todas sus fotografías nos muestra una amplia sonrisa que junto con su arte le hicieron ser un hombre muy querido en toda España y muy especialmente en nuestra ciudad en la que cantaba todas las temporadas.
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