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Begoña Quiles
Colaboraciones

Joaquín Rodrigo, Marqués de los Jardines de Aranjuez

El pasado 6 de junio se cumplió el décimo aniversario de la muerte de uno de los músicos más reconocidos de España; Joaquín Rodrigo Vindre. Nació en Sagunto el día de Santa Cecilia, 22 de noviembre, de 1901 y era el décimo hijo del matrimonio formado por Vicente Rodrigo Peirats y Juana Vindre. En 1905, Sagunto sufrió una terrible epidemia de difteria que causó la muerte de muchos niños, dejando graves secuelas en otros como en nuestro músico que quedó casi ciego. Nunca fue un obstáculo para Rodrigo ya que años después comentaría , sin rastro de amargura, que la ceguera le condujo a la música. Con su numerosa familia se trasladó a Valencia, donde ingresó en un colegio para niños invidentes. En la capi­tal, la familia Rodrigo era asidua al Teatro Apolo, donde el joven Joaquín se sintió atraído por la música que acompañaba a las representaciones. Pronto comen­zó a recibir clases en el Conservatorio aunque no sólo la música formaba parte de su preparación pues gracias a Rafael Ibáñez que ejercía de acompañante y tutor, conoció las grandes obras de la literatura mundial que él mismo le leía. Rodrigo comentó en más de una ocasión que Rafael «me prestaba los ojos que yo no tenía». Con el tiempo pasó a ser su compañero, secretario y copista.

En los años 20 era ya un excelente pianista y un estudiante de composición conocedor de las vanguardias mundiales del mundo del arte. En el piano era capaz de interpretar las obras más clificiles de Ravel o Stravisnki y ya en 1923 aparecen sus primeras composiciones serias para piano, violonchelo y violín. Un año des­pués compone Juglares, obra orquestal. Esta composición fue estrenada con éxito por la Orquesta Sinfónica de Valencia bajo la dirección de Enrique Izquierdo. En estas primeras obras se aprecia un delicado lirismo, un atrevido colorismo orquestal y un vocabulario armónico que hace recordar a otro grande de la música española; Enrique Granados.
Rodrigo decide seguir los pasos de otros compositores y en 1927 viaja a París donde recibe clases de Paul Dukas. En Francia conoció a otro genio de nuestra música, Manuel de Falla, con el que rápi­damente trabó amistad. Falla, que iba a ingresar como miembro de la Legión de Honor Francesa, insistió para que en el concierto que siguió a la ceremonia se escucharan obras de jóvenes composito­res españoles como Halffter, Turina y el propio Rodrigo.
Fueron en estos años cuando ocurre el hecho más importante de su vida per­sonal, conoce a la pianista turca Victoria Kamhi con la que se casó en 1933. Fue la persona que más influyó en nuestro músico, ya que la renuncia a su carrera como pianista, unido a su vasta cultura y al dominio de varios idiomas, la convir­tieron en la compañera ideal del maestro Rodrigo. Al año de su boda se instalan en Valencia, donde compuso varias cancio­nes, entre ellas el famoso Cántico de la esposa, con letra de San Juan de la Cruz y su obra más extensa hasta entonces, Per la llor del lliri blau. Con esta obra obtuvo el premio del Círculo de Bellas Artes de Valencia. Gracias al apoyo de Falla, Rodrigo consiguió la Beca Conde de Cartagena que le permitió regresar a París con su esposa. Estudió de la mano de Maurice-Emmanuel y de Dukas y com­puso sin descanso. Fruto de esta época son varias canciones y algunas de sus más importantes obras para piano.
La guerra civil española les sorpren­de en Baden-Baden (Alemania), siendo los tres años que duró la contienda, los más difíciles del matrimonio, pues a lo que sucedía en España, se unían los pro­blemas económicos al no haberle reno­vado la beca. Para sobrevivir decidieron dar clases de español y música. En la pri­mavera del 38 fue invitado a impartir cla­ses durante el verano en la Universidad de Santander que acababa de abrir sus puertas. También tuvo lugar un encuen­tro muy significativo, fundamental para su carrera musical. En su regreso a París coincidió con Regino Sanz de la Maza y con el Marqués de Bolarque. En un almuerzo con estos hombres, Rodrigo aceptó el reto de escribir un concierto para guitarra. La obra sería El Concierto de Aranjuez. Victoria Karnhi recordaba que fue compuesto en condiciones muy difíciles ya que la pareja se encontra­ba en serias dificultades económicas, esperando un hijo y con el compositor enfermo con un absceso en un ojo. Contrastaba con la ensoñación de los jardines que recordaban haber disfruta­do en su viaje de novios en la ciudad de Aranjuez. El momento de composición no tiene nada que ver con el optimismo y la belleza poética de la obra. Según él mismo explicaba, la composición repre­senta la ciudad a fmales del siglo XVIII, con la sombra de Goya en sus notas musicales, llenas de emoción melancó­lica. En su melodía persiste el perfume de magnolias, el canto de los pájaros y el susurro de las fuentes. El concierto fue estrenado en Barcelona en 1940 de la mano de Regino Saiz de la Maza y de la Orquesta Filarmónica de Barcelona.
El matrimonio Rodrigo decide regre­sar a España. El compositor tenía una buena oferta de Antonio Tovar que le ofTece un puesto en el Departamento de Música de Radio Nacional. Rodrigo acep­ta y regresa definitivamente a España. Los años posteriores fueron especialmente importantes en su vida profesional e íntima. Al trabajo en Radio Nacional, une el cargo de jefe de la sección de arte y propaganda de la ONCE y ya en 1947, ocupa la Cátedra de Música Manuel de Falla en la Universidad Complutense. Si su vida profesional estaba bien encami­nada, en su vida familiar ocurre un hecho fundamental, el nacimiento, en 1941, de su única hija, Cecilia.
Su Concierto de Aranjuez, gozaba de popularidad en nuestro país, pero fue en los años 50, cuando traspasó nuestras fronteras gracias a la versión coreográ­fica de Pilar López y a la interpretación por guitarristas de « nueva generación» como Narciso Yepes. Aunque fue un músi­co de jazz, Miles Davis, en los años 60, el que convirtió uno de sus movimientos en un verdadero fenómeno musical al hacer una versión en clave de jazz recogida en su obra Sketches of Spain. A este arreglo se unió la canción melódica de Richard Anthony, Aranjuez, mon amour, en 1967. El Concierto de Aranjuez alcanzó de este modo un grado de universalidad inédito hasta entonces, convirtiéndose en la músi­ca española más conocida del siglo XX.
Rodrigo siguió trabajando y estre­nando obras como Sonatas de Castilla para piano o para guitarra la Fantasía para un gentil hombre. Durante todos estos años, los premios y honores en reconocimiento a su labor fueron nume­rosos, tanto en España como en el extranjero. Sería imposible enumerar en este escrito los reconocimientos que Rodrigo recibió a lo largo de su vida, sólo pondremos como ejemplos el de Caballero de la Legión de Honor en Francia, la Gran Cruz del Mérito Civil
o la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo. A ello debemos añadir el título de Marqués de los Jardines de Aranjuez que le concedió el rey don Juan Carlos, único caso entre músicos españoles.

Su hija Cecilia lo recuerda como un hombre alegre, sencillo y humilde. Era una persona hábil que sobresalía por su inteligencia y por una capacidad de tra­bajo desbordante. Recuerda que primero escribía el manuscrito en braille y des­pués, dictaba nota por nota toda la obra al copista. Tras este trabajoso proceso, corregía la obra. Cecilia también recuer­da su buen humor con esta anécdota; cuando era niña, su padre estaba pen­diente de ella en todo momento y para saber dónde se encontraba, hizo que le cosieran cascabeles en la ropa.

 

 

 
 

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