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Begoña Quiles
Colaboraciones

Joaquín Valverde, el instrumentista de Chueca

Puede que no sea justo el título de este artículo, pero para muchos el nombre de Valverde ha quedado  siempre unido y en ocasiones relegado por el de Federico Chueca, incluso el centenario de su muerte,  recientemente cumplido, ha pasado casi desapercibido para el gran público a pesar de que perteneció a  la generación de compositores del género chico que llenó los teatros los últimos años del siglo XIX y  comienzos del XX.

Joaquín Valverde Durán, nació en Badajoz el 27 de febrero de 1846. Inició sus estudios musicales en su  ciudad natal, ocupando pronto el puesto de flautista en diversas bandas militares y orquestas teatrales. Al  morir su padre, marcha con su madre a Madrid, donde su hermana, la famosa actriz Balbina Valverde, lo  colocó en la orquesta del Teatro Español. Con 17 años, ingresa en el Conservatorio de Música de Madrid,  prosiguiendo sus estudios de flauta y composición. Tuvo como profesor, entre otros, a Emilio Arrieta, el  gran maestro de composición de la mayor parte de los compositores de aquella generación. En el  Conservatorio ganó el primer premio de flauta y de composición. Compagina sus estudios con el trabajo  en varias orquestas teatrales, llegando a dirigir las de los teatros Español, la Comedia y años después el Apolo, verdadero templo del género chico. No sólo dirige, también compone piezas instrumentales para  los entreactos y numerosas obras pedagógicas para flauta. De él es la famosa canción Clavelitos ( no  confundir con la interpretada por la tuna) cantada por las más célebres voces como Elvira de Hidalgo,  Victoria de los Ángeles o Teresa Berganza. Pero su fama , a pesar de su abundante producción  instrumental, le llegó gracias al teatro lírico.

En 1876 conoció y entabló gran amistad con un joven compositor que también iniciaba su carrera;  Federico Chueca. Juntos compusieron algunos de los mejores títulos de la historia del género a lo largo  de varios años muy fructíferos de colaboración. Si Chueca aportaba a las obras esa inspiración única que  le caracterizaba, Valverde ofrecía su sólida formación musical. Pero es difícil delimitar la aportación de  cada uno por la falta de documentación original. Consiguieron el éxito con obras tan importantes como La  Canción de la Lola, Caramelo, Cádiz, La Gran Vía, El Año Pasado por Agua o De Madrid a París. Se decía que las notas que Chueca escribe son billetes de mil pesetas, de los que otro se aprovecha con  escasísimo trabajo. No parece lógico que Chueca trabajase con un compositor que no aportaba nada, por  lo que Valverde sería una parte esencial en el trabajo común, el oficio de orquestador. También acusaron a  Chueca ( típico en este país de envidiosos), de utilizar el duro trabajo de su colaborador y amigo por lo que cansado de estos reproches, decidieron separarse. La ruptura trajo como consecuencia el declive de Valverde que siguió colaborando con otros compositores , sobre todo con su hijo Quinito Valverde, pero sin obtener el éxito que había conocido con Chueca.

Joaquín Valverde moría en la ciudad que le había acogido el 17 de marzo de 1910, siendo para todos el gran colaborador de Federico Chueca.

 
 

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