Cuando el mal viene de Almansa... a todos alcanza, reza el viejo refrán valenciano. Extrapolándolo a este tiempo y situación podríamos asimilar su sentido a la inefable crisis de la que tanto oímos hablar y de cuyos efectos no va a ser fácil sustraerse.
Si de crisis encontramos una de las definiciones en que es un proceso de cambio o mutación (no necesariamente en sentido favorable), mucho se ha tratado en la época actual sobre variada y diferente índole de crisis (cambio climático y medio ambiente, entre culturas étnicas y religiosas, de valores éticos y morales...). Sin embargo, de ésta que hoy padecen las naciones del primer mundo, nunca se han oído lamentos por doquier tanto como ahora por la crisis de la Economía.
Siguiendo con las frases tópicas y su aplicación metafórica, en este caso descendiendo a la realidad de ADOC, añadiríamos la de "malos tiempos para la lírica", tratando de encajarla en ese contexto generalizado de retracción y sobre el cual nos proponemos hacer algún comentario, siempre desde el punto de vista de la más probable afección a su labor de desenvolvimiento.
No se oculta que ante una perspectiva de franca incertidumbre, sea aconsejable, porque la circunstancia obliga a ello, extremar algo más si cabe la prudencia a la hora de confeccionar las programaciones artísticas cuyo riesgo en su financiación resulte de soporte propio. Curioso que en este mercado de la música en el que por necesidad nos movemos, no se haya apreciado el menor movimiento a la baja en las tarifas fijadas por cantantes o músicos de algún renombre desde que de un tiempo acá viene dejándose notar la situación que nos preocupa; extrañando no poco la inadaptación por parte de este sector profesional, a una coyuntura de crisis que en modo alguno supondría desdoro para su prestigio decidir atemperar.
Y "no son buenos tiempos para la lírica", insistimos parafraseando al poeta, porque desde la realidad de ADOC todo parece carencias para un colectivo de sus características, cuya pervivencia, por su distanciamiento de lo que es una filosofía de preponderancia comercial en su práctica, depende en gran medida de las ayudas y patrocinio de las administraciones públicas y consiguientes programas para el fomento de la cultura. La lectura que cabe sacar de los mensajes que se desprenden de tales instancias hace presumible tenga alguna forma de reflejo inevitable en este tipo de entidades a la hora en que llegen a aplicarse las medidas de austeridad que se vislumbran.
De cualquier forma, sin dejar de lado el refranero, pongamos "al mal tiempo buena cara", ya que ADOC seguirá con los medios a su alcance empleándose con mayor interés y tesón si cabe por mantener -contando con la comprensión y estímulo de sus socios y simpatizantes- un nivel de actividad programática que, a falta de mayores recursos, resulte cuando menos digna, en tanto puedan volver tiempos de bonanza. |