|
No es la primera vez que hacemos observar que para figurar en este rincón reservado al Socio a distinguir, no se requiere como premisa condición alguna de prevalencia en cuanto a popularidad o notoriedad que venga a justificar la sencilla mención honorífica que se pretende, antes bien, hay ocasión en que se antepone a la hora de la designación, por una cuestión de principios, otro tipo de consideraciones de carácter más intimista. En el caso de nuestro homenajeado de hoy, VICENTE ALARCÓN JUAN, diríamos que se conjugan ambos aspectos de valoración.Un tanto al margen de todo esto, permítasenos subrayar que entre nuestros asociados y simpatizantes afines existe un reducido número de ellos al que se tiene en elevado concepto, no ya sólo por la firme vinculación mostrada hacia ADOC, lo cual ya es estimable, sino más bien por su calidad de melómanos y concurrir en los mismos además la desafortunada circunstancia de verse limitados en su movilidad, razón por la que no siempre les es permitido asistir a sus actos.
De nuestro hombre sí puede decirse que es todo un personaje al que pocos en su ciudad declararían desconocer; para empezar, por el hecho de pertenencia a familia de vieja raigambre eldense. Por sí solo ya lo sería también por su condición de Doctor en Farmacia, tantos años regentando como titular el despacho farmacéutico del distrito de San Francisco de Sales que él mismo fundó y le granjeara la amistad de tantos conocidos.
No menos apreciado cabría considerarlo en ámbitos y círculos estudiantiles y académicos que fueron de su época joven, donde a no dudar darían razones sobradas para constatar el ejemplo de calidad humana que en su entorno siempre ha sido. Por no decir de cuantos han compartido con él inquietudes culturales y artísticas en colectivos como ADOC, o foros como Aulas de la Tercera Edad, por citar alguno.
Con todos estos antecedentes, convendremos en que son suficientes argumentos como para merecer ser traído hoy aquí este viejo amigo. Si las múltiples cualidades personales que le son atribuidas -naturales unas, adquiridas otras- son algo que le honra, lo que a ADOC ya sólo resta es resaltarlas como hermosas virtudes a seguir, a modo de sencillo pero afectuoso homenaje. Por lo demás, todo un ejemplo asimismo de sabiduría y tenacidad ante la vida al superar con entereza evidentes designios adversos |